ZEF - Tsuru Qenti

Dirección: Alvaro Manzano y Vinko Tomičić
Dirección de Fotografñia: Alejandro Loayza Grisi
Dirección de Arte: Camila Molina
Asistente de Arte: Alejo Torrico Zas
Producción: Valeria Wilde
Música: Koyak http://www.koyakmusic.com
Modelo: Sofia d'Aes
MUA: VANESA BASAURE MAKE - UP ARTIST
Gaffers: David Ticona y David Laura
Lencería: AURA lencería
Calzados: Ecléctica
Agradecimientos: Familia Sandoval, Majanda Ayoroa
Con el apoyo de: Fundación VIVA

Producido por ALMA FILMS, COLOR MONSTER, ZEF

Tsuru

Grulla en japonés.

La grulla es considerada un ser mágico y místico en las sociedades orientales, regalando esperanza, fuerza, fidelidad y una particular belleza que inunda todos los paisajes de los que forma parte.
La grulla era al pájaro de Apolo, el dios del sol, y su danza era la danza de la alegría y la celebración de la vida.

Qenti

Colibrí en Quechua

En los Andes de América del Sur, el colibrí significa resurrección , también se le conoce como un mensajero y guardián del tiempo. Representa el goce de vivir la creación, disfrutar cada momento, abrir el corazón y buscar la dulzura de la vida. 
Se dice que el colibrí trae amor como ninguna otra medicina y su presencia invade de 
alegría a quien lo ve.

Cuenta la leyenda que Nayaraq creció rodeada de picaflores, se crió con la abuela de su abuela, la mujer más sabia del pueblo, a quien llamaba Mamá Grande.
Todos los días se despertaban con el sol y con el suave aletear de los picaflores. El turquesa, verde, azul y fucsia inundaban la vista de ese pequeño pueblo oculto donde se confundían las flores, los picaflores y la pequeña Nayaraq. 
Cada amanecer Mamá Grande subía a lo alto del cerro, a un lugar secreto que nadie más conocía. 
Un día, a los 111 años, Mamá Grande sabía que era el momento de partir, y reveló a Nayaraq, por primera y única vez, cómo llegar al lugar secreto. Sus últimas palabras fueron “tú también seguirás el sendero colibrí” y se despidieron con un abrazo tan mágico que unos hilos de luz dorados y violeta salieron de sus corazones y las envolvieron suavemente. 
Desde aquel día, Nayaraq emprende el viaje al cerro más alto, pasa los bosques más frondosos, los jardines más extensos y las puertas más misteriosas para llegar al hermoso lugar donde los picaflores exhalan su último aliento. 
Poco a poco fue descubriendo la importante labor que su Mamá Grande realizaba y entendió que era su deber darle continuidad. 
Y es gracias a ellas que en las nubes o entre las olas, sobre el azul intenso del cielo y del fondo del mar se pueden ver picaflores que transforman, para siempre, la vida de quien los ve. 
Por eso busca, o déjate encontrar, por un colibrí, y decifra el mensaje que trae sólo para tí.